viernes, 4 de diciembre de 2009

Como te sientes, te ves


Tenía tiempo de no verlo. Algo lucía diferente en él. Su mirada, el tono de su piel, su forma de caminar, de sonreír, qué se yo; se veía cómodo consigo mismo. A pesar del tiempo transcurrido, lucía mejor de lo que lo recordaba de hacía cinco años atrás.Durante el intercambio de preguntas que tuvimos sobre el pasado y el presente, pude observar que estaba más delgado, que su piel tenía un brillo especial, transparente. No pude resistir el preguntarle a qué se debía verlo tan bien, tan rejuvenecido.“Pues verás, Gaby, de verdad me siento muy bien, y se debe a que he experimentado cambios muy importantes en mi vida. Yo vivía como un robot, todo el tiempo sacrificando mi salud y mis sueños, tratando de complacer siempre a mi jefe, trabajando todo el día y viviendo sólo para dar gusto a otros, hasta que un día me di cuenta de que siempre estaba cansado y me había alejado de personas a las que les tenía un gran cariño. Una mañana me vi en el espejo y me quedé impresionado con mi aspecto, la falta de atención hacía mí mismo me mostraron a un hombre derrotado, ¡Dios mío!Ante mí estaba un hombre sin vida. Entonces me di cuenta de que por complacer a los demás no había atendido a quien debí hacerlo siempre, ¡a mí mismo!; no me había ocupado de mi salud ni de mi felicidad; en ese momento decidí que el interior era lo más importante, que tenía que sentirme bien primero yo para después estar bien con los demás, que tenía que disfrutar la vida para poderla compartir con quienes me rodeaban. Sin perder más tiempo busqué un espacio en mis actividades para hacer ejercicio, practiqué yoga, cambié por completo mi alimentación, hasta hice un lugar en mi rutina para meditar. ¡Qué mas te puedo decir, Gaby! Ahora soy otro, ya no fumo y me cuido lo mejor que puedo; jamás me hubiera imaginado que después del desastre de vida que tenía, como seguramente recordarás, hoy sea totalmente distinto, siempre estoy de buen humor y hasta encontré pareja, sí Gaby, cómo ves, ¡hasta estoy enamorado!” Asombrada lo escuchaba, mientras en mi mente desfilaban escenas de aquel Octavio que hoy era otro. Ese día me convencí de que nuestro aspecto físico es un espejo fiel de cómo estamos por dentro, tanto en cuerpo, mente como en espíritu; y se reafirmó para mí el dicho: “Cómo te sientes, te ves.”Cuando carecemos de buena salud, cuando emocionalmente no estamos bien, cuando nuestra mente está estresada, por más que nos decoremos por fuera, con la mejor corbata o el maquillaje más atractivo, es necesario fijarnos primero en el interior y saber que el aspecto físico es un efecto de lo que transmitimos más allá de lo tangible, y que atrae de manera irresistible.Por eso, “Primero TÚ”Tal vez la frase te suene egoísta. Sé que es contrario a la educación que a ti y a mí nos metieron en la cabeza desde niños. Sin embargo, estoy segura que tú, como yo, quieres vivir al máximo tu potencial, disfrutar tu salud, tu energía y explotar tu capacidad de crear, quieres abrazar a la gente que aprecias, darle un sentido a tu vida y entregarle al mundo todo lo que está en ti. Basta un pequeño cambio, de actitud, de estilo de vida, de acción, por pequeño que sea, que puede causar una gran reacción en ti, en tu cuerpo, en tu mente, en tus relaciones y por ende, en tu vida. Una cosa te lleva inevitablemente a la otra, pues si estás bien contigo mismo, tu actitud hacia el mundo es positiva, eres más saludable física, mental y emocionalmente, amas más, trabajas mejor y quienes viven contigo son más felices.Así, con ésta manera de ser “egoísta”, simplemente contribuyes a que el mundo sea mejor.


Fuente:

El Imparcial

4/12/09



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