jueves, 6 de septiembre de 2007

¿De dónde nos vienen las vacaciones?


Alguna gente pensará que en el Paraíso Terrenal había vacaciones continuadas hasta que a Adán y Eva se les ocurrió cometer el pecado de soberbia por el que fueron expulsados de aquel lugar con el castigo de tener que trabajar para poder vivir. También, que en cada cultura existe un tipo de vacaciones relacionadas con celebraciones religiosas. Y, aunque las vacaciones más antiguas pertenecen al Nuevo Año, podemos hablar de la Navidad para los cristianos; del Nuevo Año Lunar para los chinos, coreanos y vietnamitas; de la Pascua de los judíos, el Ramadán para el Islam o de festival céltico del Fuego Brillante para los adoradores del dios celta Beleño.
Pero, si nos atenemos a la Historia más pragmática, tenemos que volver a los baños públicos de Atenas y a las termas romanas para ver los comienzos de las vacaciones. Parece que es a partir del siglo II después de Cristo, cuando el emperador Adriano introduce las vacaciones a los romanos con posibilidades económicas. Para ello, hace construir una red de vías comerciales y de tránsito que unen diversos lugares en Europa y que posibilitan que los patricios abandonen momentáneamente la ciudad de Roma para irse a las villas que poseían en otras regiones como la Galia o Hispania. Se desplazaban en carruajes tirados por caballos por las vías que los romanos usaban también para el paso de sus legiones.
En la Edad Media, pese a cierta mejoría en los medios de comunicación, se hacía difícil viajar desprotegido, debido a los asaltadores de caminos que procuraban vivir del pillaje encontrado en sus correrías. Tampoco, las plagas y las hambrunas facilitaron los desplazamientos. De aquí que los viajes placenteros fueron reemplazados por las huidas de gentes ante la peste que llegaba por doquier. Ya no se trataba solamente de vacaciones sino de emigraciones que afectaban, sobre todo, a gentes con cierto poder económico o intelectual. Un ejemplo es el del nombre, hoy tan socorrido, de Erasmus de Rotterdam que, escapando de la peste, se refugia en la Universidad de Cambridge, en el Queen´s College, en donde escribe parte de su obra.
EN ELsiglo XVI en Europa se coincide con la formación de las fronteras nacionales, siendo el dinero el respaldo que poseía cada nación. Este dinero es el que proporcionaba la circulación de bienes y productos, más que de personas. Surge así un gran desarrollo de la producción y del comercio que se relacionan con el dinero que proviene de las Américas. El dinero va a introducir a toda la cultura europea en nuevos conceptos de temporalidad que van a superar las ideas sobre la angustia de la vida del mundo medieval. Por ello, la gente comienza a planificar su vida hablándose ya sobre ideas que tienen que ver con los capitales, los préstamos, las deudas, las ventas y hasta las ventas de indulgencias. Se está produciendo un cambio cualitativo y se están sentando las bases para la modernización de Europa.
En el siglo XVII, la opera italiana, el ballet de la corte francesa y las mascaradas teatrales en Inglaterra hacen de estos lugares un imán para los viajeros. Se trata de revivir a la antigua Grecia, algo que en el año 1630 se plasma en Venecia al inaugurarse el primer auditorio público dedicado a la opera. Durante el siglo XVIII en Francia, potencia turística de importancia, aún hoy es la primera potencia del mundo en turismo, la nobleza se desplazaba desde la Corte de Versalles a regiones alejadas de París para pasar los períodos veraniegos descansando del arduo trabajo realizado por el invierno. También la aristocracia inglesa y algunos de sus representantes más conocidos, como el poeta romántico lord Byron, se alejaba de sus islas para recorrer un país tan idealizado y exótico como Italia.
CON LAllegada del ferrocarril en el siglo XIX, sobre todo entre los años 1830 y 1848, se sientan los cimientos de lo que ahora consideramos las vacaciones. Esto es posible debido a que la clase media europea tiene ya el poder económico para poder desplazarse en tren por el continente, visitando países como Alemania, Francia o Gran Bretaña. Ello da paso a la creación de una literatura de viajes y a la posibilidad de relacionar la experiencia del viaje con el arte, la geografía, la filosofía y la cultura del lugar visitado. En España podemos decir que Jovellanos fue uno de los primeros autores que habla del viaje filosófico y político, algo que usaran más tarde, desde otras perspectivas, autores como Galdós, Pardo Bazán o Ganivet. Llegados al siglo XX, los medios de comunicación tienen una clara influencia en las vacaciones, a las que anuncian como algo esencial en la vida de las personas. Y, poco a poco, las clases trabajadores van accediendo a las vacaciones pagadas por la empresa, desde la perspectiva de la construcción del Estado del bienestar en donde las vacaciones son una de sus columnas vertebrales.
Pero, si nos damos cuenta, las vacaciones siguen las mismas directrices que las que existen para el trabajo. Es decir, uno debe prepararse para poder afrontarlas, comprando, gastando dinero y tiempo, bañadores, toallas, sandalias de playa o botas para la montaña, y alquilando un apartamento en algún lugar cada vez menos tranquilo. Para compensar esta estructuración económica que arremete en contra del espíritu vacacional, el veraneante debe estar en un estado interno de gran alegría para poder divertirse sin pensar en ningún aspecto difícil de la vida.
En las vacaciones hay que ser y estar muy superficial y, no pensar nunca en las realidades de la vida, ni siquiera en los suspensos que ha tenido en junio, uno mismo, la niña o el niño, sino en aquellos antiguos amores de verano que quedan para contar de forma exagerada en las noches muy solitarias del invierno, quizás escuchando aquella canción de Sabina que nos habla del verano ya pasado.
*Profesor de la Universidad de Oviedo.


Fuente:

La Voz de Asturias

6 de Septiembre de 2007



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