jueves, 8 de octubre de 2009

¿Dónde te pintas los labios?


Si hay un gesto de belleza del que se ha hablado prácticamente en todos los ámbitos ha sido el de pintarse los labios. Al punto sofisticado, femenino y cinematográfico que tiene esta acción se han unido polémicas (en la Europa Medieval la Iglesia llegó a prohibir su uso por considerar que una mujer maquillada era una encarnación del mal) y comentarios varios. Últimamente se ha hablado mucho, por ejemplo, del lipstick index o, lo que es lo mismo, el carmín como un auténtico indicador económico. Al parecer, sus ventas suben en épocas de crisis. Ya pasó en el 29 y parece que algo similar está ocurriendo ahora. Aunque algunos buscan una explicación mucho más psicológica a este hecho –necesitamos aparentar que todo va bien y ante la imposibilidad de comprar otros artículos de lujo nos “conformamos” con una barra de labios-, otros encuentran un origen mucho más práctico. “Es el gesto de maquillaje más rápido”, me comentaba hace poco Roberto Siguero, maquillador de Lancôme, durante una entrevista.

El maquillador Max Factor pintando los labios a la actriz Dorothy Mackail
Y es que precisamente del poder emocional de la barra de labios se ha hablado mucho. Tanto que hasta hay una novela inspirada en esta teoría. Se llama Why I Wore Lipstick to My Mastectomy y relata la historia de una joven que tiene que enfrentarse a un cáncer y a una reconstrucción de pecho. Lo hace con optimismo y valentía y con una visión diferente de la moda y la belleza: decide acortar el largo de su falda y cambiar sus hábitos de belleza para sentirse mejor.
Al margen de sus connotaciones psicológicas y sociológicas y aunque estoy plenamente de acuerdo en que un buen rojo de labios puede subir la moral a cualqueira, se une ahora un dato un tanto alarmante que no podemos pasar por alto: según una encuesta realizada por una aseguradora de coches británica, el 27% de las mujeres de Reino Unido se los pinta al volante. Puede que esta escena haya sido el leitmotiv de campañas publicitarias varias llenas de glamour, pero no podemos negar que el coche no es el mejor sitio en el que dar color a los labios, aunque en alguna ocasión todas o casi todas hayamos aprovechado un atasco y el retrovisor del coche para retocar el maquillaje. Un grave error porque, según esta misma encuesta, la mitad de los accidentes se producen precisamente por esta distracción, que suelen cometer con más frecuencia las más jóvenes, sobre todo entre los 17 y los 21 años. Pasados los 50, al parecer, son muy pocas las mujeres que convierten el coche en un improvisado tocador.

La modelo Natasha Poly retoca su maquillaje © Greg Kessler
Precisamente por todo eso es mejor buscar sitios alternativos y mucho más seguros para subir la moral a golpe de lipstick. El ascensor, la mesa de la oficina o incluso el metro. Aunque eso sí, ten en cuenta que si es en el de Tokio tendrás que tener algo de cuidado porque en los vagones te puedes encontrar con carteles que rezan “Por favor, hazlo en casa”, ilustrados con la imagen de una japonesa, con rizador de pestañas incluido, que se retoca el maquillaje.


Fuente:

Vogue.es

08/10/09