viernes, 13 de junio de 2008

Lo que esconde un conductor agresivo


VARÓN, MAYOR DE EDAD. Tiene ínfulas de justiciero. Cree que todo el mundo debería manejar como él y asume que logrará impartir la lección a las malas. No conserva la distancia con respecto al carro de adelante e impide el paso de quien necesita su carril. Si alguien logra meterse en ese espacio, le hace luces, le pita y lo alcanza para hacerle saber su disgusto con toda suerte de epítetos grotescos, casi siempre antecedidos de prefijos del calibre de 'doble', 'triple' o 'tetra'. Incluso puede amagar con sacar un arma de la guantera. O hacerlo.
De seguro los síntomas anteriores ya evocan un recuerdo, un rostro y un nombre propio, porque ni el ingenuo Tribilín ni el pacífico Homero Simpson han sido ajenos a esos comportamientos. Aunque la "furia del camino" -el road rage- es un trastorno que no ha sido medido en Colombia, para hacerse a una idea de su magnitud basta decir que en la civilizada Ontario, Canadá, uno de cada tres conductores admite haber actuado según esos síntomas y el 40 por ciento de los conductores asegura haber sido víctima de uno de ellos, según un estudio del Centro de Adicción y Salud Mental de Toronto publicado hace un par de años. En Estados Unidos, por su parte, se calcula que cuatro de cada cinco personas con furia del camino son hombres.
El asunto es serio: pedirle a uno de ellos que conserve su distancia o que respete las señales de tránsito es como creer que para que una persona deje de fumar basta con informarle que el cigarrillo causa cáncer. Tal como lo revelan diversos estudios, estos comportamientos muy probablemente son la consecuencia de problemas mentales como el déficit de atención con hiperactividad o el trastorno explosivo intermitente.
Justamente, uno de los síntomas de la persona con hiperactividad -aparte de su incapacidad para quedarse quieta- es la impulsividad. Una condición que le dificulta esperar turnos o acatar instrucciones. Por su parte, el trastorno explosivo intermitente -que en buen cristiano no es otra cosa que la iracundia-, se caracteriza por las reacciones excesivamente agresivas en relación con la provocación. Valoraciones psico-fisiológicas también plantean una excesiva tensión arterial sistólica -medida por la sangre que sale del corazón- cuando los conductores agresivos tienen problemas en la vía.
Una personalidad con esas características metida en un carro produce un caldo explosivo. Como afirma el psiquiatra Rodrigo Córdoba, "según los aportes de la teoría dinámica, el carro es un elemento simbólico, fálico, que tiene que ver con la fuerza y con elementos relacionados con la capacidad de competir".
Consultorio al volante
El tema ha despertado tanto interés entre los profesionales de la salud mental, que incluso existen métodos de intervención clínica para solucionar el problema de los pacientes. En su libro Road Rage, Tara Galovski, Loretta Malta y Edward Blanchard describen su experiencia en el Centro Albany para el Estrés y los Trastornos de Ansidad, basada en cinco procedimientos: manejo de la rabia, educación al volante, técnicas de relajación, reestructuración cognitiva y aprendizaje de habilidades.
Los expertos en el tema señalan que incluso la industria automotriz puede jugar un papel importante para evitar los daños relacionados con la agresividad en las carreteras. Un documento del equipo del Centro de Adicción y Salud Mental de Toronto, titulado ¿Podemos diseñar carros para prevenir la furia del camino?, señala varias estrategias: sistemas de alerta para evitar la excesiva aproximación al carro de adelante o para indicar con suficiente antelación a los conductores que se aproximan por detrás que el carro está detenido; dispositivos para evitar que un conductor se pegue al pito o haga luces; sensores para determinar el estado de ánimo del conductor y, por ejemplo, hablarle o cambiar el color del interior del vehículo; o señales para advertir a otros que se está siendo amenazado por un conductor hostil.
Sin embargo, lo más urgente no deja de ser que la persona con furia del camino reconozca su problema y tome cartas en el asunto. En Colombia, los tratamientos orientados específicamente a los conductores son prácticamente inexistentes, pero en países donde se toman en serio el trastorno, las terapias no solo logran erradicar la agresividad en las carreteras, sino en la vida misma.
LA AGRESIVIDAD FLUYE
Aunque nada justifica poner en riesgo la vida de otros, a los bárbaros que conducen en Bogotá hay que reconocerles que, gracias a ellos, el tráfico de la ciudad fluye más rápido. Así lo concluyeron Luis Eduardo Olmos y José Daniel Muñoz, dos físicos de la Universidad Nacional que, mediante un simulador computacional, demostraron que el ritmo de las vías de una ciudad no depende solo de la infraestructura, sino también de la mente de sus conductores. Olmos y Muñoz midieron las distancias de frenado y aceleración de los carros en Bogotá y encontraron que, en contraste con lo que pasa en países más civilizados, los conductores suelen mantener unas distancias muy pequeñas con respecto a los carros de adelante por efecto de su frenado tardío y su aceleración temprana. Este singular aprovechamiento del espacio se traduce en una mayor accidentalidad, claro, pero también en un flujo considerablemente elevado -90 carros por minuto- si se compara con el promedio de Los Ángeles (Estados Unidos) -54- o el de Ginebra (Suiza) -66 por minuto.
Fuente:
Cambio
13 de Junio de 2008
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