lunes, 5 de mayo de 2008

El estrés también engorda


Ni la dieta más estricta ni los productos milagro consiguen efectos positivos en muchos casos cuando las personas están sometidas a un intenso estrés. A estas personas la tensión les puede producir un aumento de peso que no tiene necesariamente que estar relacionado con la comida. El estrés se considera también un saboteador de la dieta, al provocar que la persona utilice la comida como desahogo.
En épocas de intenso estrés, el organismo puede sufrir alteraciones del sistema metabólico que son responsables de las fluctuaciones en el peso y que tienen que ver más con los conflictos emocionales que con lo que se come. En estas situaciones se producen aumentos del cortisol. Esta hormona favorece el acúmulo de grasa en la zona abdominal, sobre todo en mujeres, y afecta no solo a las personas con sobrepeso, sino incluso a mujeres muy delgadas sometidas a un estrés intenso. Así lo confirman diversos estudios como los realizados por la Universidad de Yale y la University Medical Center de Chicago, entre otros.
Ante una situación de estrés, nuestro organismo cuenta con dos respuestas bioquímicas. Por un lado, la adrenalina, que se relaciona con un mayor rendimiento. Es la hormona que se segrega en situaciones en las que el cuerpo se prepara para la huida ante una situación de peligro. En estos momentos, además de disminuir el apetito, se produce la degradación de la grasa para conseguir la energía necesaria. Posteriormente, es el cortisol el que entra en funcionamiento para devolver al organismo a un estado de equilibrio. Para ello, además de aumentar el apetito, estimula la producción de grasa para reponer las reservas de las gastadas. Este sería el comportamiento normal de nuestro organismo, pero el desajuste en la lucha contra el estrés se produce porque se hace de una manera más emocional que física, con lo que no se produce el desgaste calórico necesario. Si además el estrés se mantiene, el cortisol puede permanecer elevado durante bastante tiempo provocando no solo aumento de peso, sino también el aumento de la grasa abdominal.
En estos casos, la solución para no engordar por el estrés es precisamente reducir el estrés en lo posible y para ello se puede practicar técnicas de relajación como el yoga, el taichí, hacer ejercicio, nadar, bailar, pasear o realizar cualquier actividad que distraiga de la situación de estrés; aprender a priorizar ciertas cosas, a distinguir entre lo que es importante para uno y lo que no; aprender a delegar, a aceptar los imprevistos con calma, sin darles tanta importancia.
Por otra parte, conviene realizar una dieta sana con cinco comidas al día, evitando los azúcares rápidos y aumentando las frutas y verduras ricas en vitamina C. Y procurar dormir alrededor de unas ocho horas diarias.


Fuente:

La Voz de Galicia.es

5 de Mayo de 2008



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