miércoles, 8 de octubre de 2008

Tratarse bien es saludable


Con frecuencia nos encontramos con personas que enrarecen el ambiente con sus malas caras, que lanzan improperios, que entorpecen el trabajo e incluso que son especialistas en ponerles trabas a las cosas más sencillas.Con frecuencia nos encontramos con personas que enrarecen el ambiente con sus malas caras, que lanzan improperios, que entorpecen el trabajo e incluso que son especialistas en ponerles trabas a las cosas más sencillas.¿Conoce a alguien así?¡Seguro que sí!¿Sabe qué es lo peor?Que estos ‘cara duras’ tienen la fea costumbre de solucionar sus diferencias con los demás a punta de gritos y groserías.Échele cabeza y analice, al menos por un instante, lo feo que nos tratan algunos. Basta con recorrer las calles de la ciudad y observar a la gente: se camina raudo, se va de aquí y allá, casi que hasta los empujones y desconfiando hasta de la propia sombra. Nadie se disculpa por nada. Todo es prisa.Da miedo preguntar algo porque, de pronto, surge una respuesta feroz. Eso no sólo ocurre en las calles; en muchos hogares nos angustia pedir algo, porque nos pueden salir con dos piedras.¿Pedir la bendición a mamá? ¡qué va! eso ‘pasó de moda’.En las empresas, en las aulas de clase y hasta en la propia intimidad de las parejas se respiran alientos salvajes, fricciones y un trato altanero.Los viejos son insultados, los niños son despreciados. Hay que ver cómo se saludan los jóvenes: ¡Hola marica! ¡qué tal!En las oficinas no se contestan las llamadas telefónicas. El auricular suena y suena; sólo se responde si con nuestro ‘aló’ sacamos algún tipo de provecho.Pocos dan gracias por los favores recibidos, algunos ni siquiera saludan.¡Qué distintas serían las cosas si aprendiéramos a tratarnos bien! Nada más agradable que hacer amigos y regalar una sonrisa.Si no nos tratamos bien, nos enfermamos, nos arruinamos el día y andamos todo el día de cabeza.¡No! no lo estamos invitando a tratarse tal como se lee en un manual de etiqueta. Esta no es una página para el buen hablar. Es un llamado a sentir y a compartir con los demás los buenos y los malos ratos.Todos los días exprésele a la gente lo que siente, pero con palabras cordiales.A la gente se le debe escuchar con atención y, por supuesto, se tiene que partir de la ‘buena fe’ de que lo que le está diciendo es cierto.En serio, tratémonos bien o como decimos los colombianos: ¡Hagámonos pasito!EjercicioLos poetas se atreven a decir que, con el calzado bien puesto un ser es capaz de penetrar hasta el cáliz de una rosa sin dañar sus pétalos.Los zapatos pueden estar viejos, pero usted termina queriéndolos. Tanto, que cuando compra unos nuevos, los callos hacen su aparición como ‘señal de protesta’.¿Es consciente de que sus zapatos, al igual que los de todo el mundo, tienen grandes agujeros?Si quiere haga este ejercicio:¡Póngase los zapatos de su hermano o los del vecino! ¿Ya lo hizo?Ahora camine con ellos durante dos minutos. Y si el dueño de esos zapatos está cerca, hable con él durante un minuto.Es probable que los zapatos no le tallen, a lo mejor se tropieza o tal vez no peda resistirlos. Sea lo que sea, una cosa estará clara: usted sí podrá hablar con esa persona.Cada vez que lo necesite, haga este ejercicio. Verá que para intercambiar su punto de vista con otra persona, a veces tiene que ponerse los zapatos de su prójimo. De esta forma usted logra transformar su actitud crítica y termina comprendiendo al dueño de los zapatos ajenos que porta.Puede parecer un ejercicio ‘tonto’, pero si lo analiza, es una fórmula sana para comprender mejor a los demás.Jornada de abrazosEn la mismísima Universidad Nacional se diseñó una jornada de abrazos. Es más, se trata de la tercera actividad de este tipo, en la cual los miembros de la División de Salud Estudiantil, acompañados por mimos, salen a repartir abrazos a todas las personas que se encuentren dentro y en los alrededores del campus. ¿Para qué?Para resaltar la importancia de los abrazos desde el silencio.La marcha abraza a todos aquellos que de una u otra forma lo necesiten, lo deseen o lo soliciten.Estudios realizados por la propia universidad han demostrado que muchos estudiantes se sienten solos y poco comprendidos frente a las personas, el entorno y la realidad que los rodea. La misión le apuesta a lograr que las personas recreen los abrazos, como un contagio afectivo-positivo, que genere y estimule el bienestar en las personas.Las jornadas han sido bautizadas con nombres particulares como: ‘Estoy triste, necesito un abrazo’ y ‘Quiero un abrazo gratis’.Sería bueno que este tipo de jornadas se multiplicaran al interior de nuestras oficinas, de nuestras casas y, en general, en nuestra vida diaria.


Fuente:

El Liberal

8 de Octubre de 2008



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